Nov 142011
 

El debate entre Rajoy y Rubalcaba celebra una tradición de más de 2.500 años: el arte de debatir para tomar buenas decisiones. La persuasión es un fenómeno complejo que tiene muchas facetas y la audiencia será el gran juez del 20N. Como en todo discurso público, la importancia de los minutos finales es crucial, porque es aquello que más cala en nuestra memoria. Este post analiza los seis minutos finales del debate.

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Debatir para tomar mejores decisiones sigue siendo un patrimonio incalculable de las democracias modernas y forma la base de todo un sistema de valores democráticos como la libertad de opinión, de expresión y de elección. Los griegos vivieron su época de oro  en el siglo V a.C. En aquél momento, el nacimiento de la democracia en Atenas trajo consigo la necesidad de que el pueblo aprendiera a tomar decisiones mediante el uso de la palabra, dando lugar al surgimiento de la retórica. Desde entonces el arte de persuadir mediante las palabras ha tenido un papel central en occidente, con una mejor o peor conotación según la época. El debate es, por excelencia, el ejercicio clásico de retórica donde se desplegan todas las herramientas al abasto de los candidatos para demostrar cuál es la mejor opción, quién es la mejor elección de futuro y por qué.

Los clásicos recomendaban dos estrategias básicas para concluir un discurso: Posita in rebus y Posita in Affectibus. La primera estrategia trata de resumir los argumentos (Posita in rebus) y enumerarlos de manera ordenada y clara para que queden grabados en la memoria de la audiencia. La segunda estrategia trata de apelar a las emociones (Posita in affectibus) y reforzar el vínculo emocional con las ideologías, creencias y anhelos de la audiencia. El objetivo final es asegurar que la audiencia sienta empatía por la causa defendida por el orador. La conclusión final es la última oportunidad para influir en el jurado –en este caso, la audiencia de 12 millones de españoles que asistieron a la transmisión del debate–, sin aludir al otro candidato ni introducir nuevos argumentos. Vamos a ver qué estrategia cada candidato adoptó para concluir su discurso.

La argumentación retórica se basa en tres tipos de pruebas: la prueba racional o lógica (Logos), la prueba emocional o patética (Pathos) y la prueba de carácter o ética (Ethos). El equilibrio de estos tres canales calibrará la fuerza persuasiva del discurso y la influencia de quién lo hace. Las pruebas lógicas se basan en el contenido del mensaje, la calidad de los argumentos retóricos y de las evidencias presentadas; las pruebas emocionales se basan en la apelación a las emociones de la audiencia; y las pruebas éticas se basan en el conocimiento, el carácter y la buena voluntad del hablante. Suele resultar el canal más persuasivo en un discurso y ambos candidatos se empeñan en reforzar su reputación desde el inicio del debate.

Mariano Rajoy optó claramente por leer un resumen de sus argumentos de forma muy estructurada. Podemos reconocer al menos 6 pruebas éticas en su conclusión que sirven para reforzar su reputación, construir su Ethos. Rubalcaba concluye de forma más natural, sin leer su discurso, y utiliza menos pruebas éticas. Opta por una estrategia emocional en su conclusión, apenas recogiendo el contenido de su exposición durante el debate. Ambos candidatos evocan el sentimiento nacional, la esperanza en el futuro y el coraje para salir de la crisis.

 

Aristóteles decía que “en un discurso sólo hay dos partes: primero expones tus argumentos y luego los demuestras”. 

¿Quién ha argumentado mejor?

¿Quién ha conectado emocionalmente con la audiencia?

¿Quién ha resultado más creíble?

 

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